lunes, 14 de octubre de 2013

Pétalos del campo que recorren las calles de la ciudad

Pétalos del campo que recorren las calles de la ciudad
Son las tres de la tarde en el corregimiento de Santa Elena y se siente el frío penetrante. En el parque se realizan diferentes actividades, que hacen parte de las tradicionales festividades de la Feria de las Flores. En la  plaza central, una orquesta interpreta música antioqueña y en el escenario los bailarines  mayores de 60 años dejan ver en sus rostros la alegría por las tradiciones que nuevamente engalanan al pueblo y las veredas.
En los alrededores del parque están ubicados diferentes locales, que venden comidas y bebidas típicas de la región antioqueña: sancocho de gallina, tamales, lechona, merengones y agua de panela con queso hecha en fogón de  leña. También se puede comprar cervezas Pilsen, Aguardiente Antioqueño, Ron Medellín y otros licores que acompañan las celebraciones de los paisas desde hace décadas
Indudablemente, el parque  es un referente turístico. El campesino cargando una silleta monumental, acompañado de su esposa y su hija, son la representación de una tradición familiar que empezó en 1957 con cuarenta campesinos. Por aquella época, el Festival de las Flores era “una muestra agrícola y actividad comercial de los cultivadores de Santa Elena”, según lo afirma el sitio web de Colombia Travel.
La tarde empieza a caer y la gente empieza a aglomerase  en el pueblo. Los visitantes preguntan a los campesinos  por las fincas cercanas donde se están elaborando silletas, para empezar el recorrido. Las caminatas inician en las orillas de la carretera desbordada de vehículos y avanzan hasta llegar a las veredas aledañas, donde los silleteros crean sus obras florales, ya sean tradicionales, monumentales o emblemáticas.
El señor Gustavo Sáenz, líder del programa riesgos y desastres de Santa Elena, cuenta que esta Feria se ha convertido en una fuente de empleo para  la comunidad, ya que durante las festividades ellos aprovechan para hacer diferentes eventos, en los cuales están generando ingresos para diferentes familias del sector”. Esto debido a la concurrencia de turistas de otras ciudades y países del mundo, que adoptan esta tradición temporalmente.
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Hay fincas silleteras que se dedican al turismo durante esta época del año, como la Reserva Natural de Monte Vivo, una hacienda que planea recorridos turísticos entre el bosque y la naturaleza. Un turismo rural, que relaciona a los visitantes con las costumbres y tradiciones que sobreviven de los paisas de antaño.
Aventura entre bosques y flores es uno de los eventos que se realiza en esta finca desde hace ocho años. Darío Humberto Cook Londoño, director de la reserva, cuenta que durante ese programa ¨hacemos aventura de dos maneras: una es un vuelo en canopi, es la sensación de volar por encima del bosque, o hacer un sendero ecológico que es un recorrido por los bosques, nacimientos y  con una relajación asistida¨.
Esta es una estrategia para atraer a los turistas para que recorran la zona rural del corregimiento, como una modalidad de turismo alternativo en la que el paisaje y las costumbres contrastan con las de las ciudades. Además, es una manera de obtener dinero para suplir las necesidades y los gastos que genera la asistencia, el consumo y el ingreso masivo de los visitantes a las fincas campesinas.
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Santa Elena es el epicentro de la tradición que alimenta a la Feria de las Flores. Así ha sido desde que el Antiguo Festival de las Flores empezó a realizarse en la ciudad de la montaña. Han transcurrido 56 versiones y la tradición ya trascendió a otros países, como es el caso de Roma, Brasil, Venezuela y Panamá, donde se realizan eventos alusivos a esta Feria.
Carlos Atehortúa es el presidente de los silleteros de Santa Elena. Desde hace 25 años disfruta las noches como esta, en la que repite la tradición familiar que heredó de sus ancestros: la elaboración de la silleta. A las ocho de la noche, aumenta el frío y se precipitan las lluvias que se extienden hasta la madrugada. La gente camina sin rumbo fijo y, sin ningún reparo, entra en la finca de los Atehortúa para ver la elaboración del ornamento floral que Carlos cargará el día siguiente.
También los vecinos del sector se acercan a acompañar a Carlos. Después de unos minutos, empiezan a tomar agua de panela caliente para amortiguar el frío. También beben aguardiente, comen tamales, bailan música popular y se ríen como respuesta a cada comentario. Entre tanto, la elaboración de la silleta avanza en el patio de la casa.
La silleta que él hace esta noche entremezcla los tamaños, colores y formas de 25 diferentes especies de flores, algunas cultivadas en su finca y otras traídas de diferentes veredas y municipios del oriente de Antioquia. Cuando estas plantas están en sus respectivas posiciones, los turistas empiezan a disfrutar de la creatividad de los trabajos que año tras año se hacen religiosamente, para honrar las tradiciones y las fiestas de épocas pasadas.
Transcurren las horas, la silleta deja de ser un embeleco y los campesinos se marchan para descansar un par de horas. En la madrugada del día siguiente, el domingo, los carros de la Alcaldía de Medellín recorren cada una de las veredas recogiendo las silletas para exhibirlas en el Centro de Exposiciones de Plaza Mayor, en donde se elige a las mejores silletas por modalidad.


Mientras tanto, en la ciudad las personas empiezan a movilizarse por las calles bajo un sol incipiente y a separar el mejor lugar para ver el desfile. Los paisajes de la noche anterior, de naturaleza y campesinos, es cambiado por las modernizaciones de una ciudad que quiere ver un poco del campo en sus calles pavimentadas.



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